Cuando el bebé viene de nalgas

A veces los bebés no se ponen cabeza abajo cuando llega el momento de nacer. Pero un parto fisiológico de nalgas es también posible.

cuando el bebé viene de nalgas

De vez en cuando, antes o después de la clase de yoga prenatal, alguna alumna se acerca a mí y me pregunta entre apurada y preocupada qué posturas son buenas para que el bebé se dé la vuelta y qué se puede hacer cuando el bebé viene de nalgas. También suelen comentar con bastante ansiedad que el ginecólogo ya les ha advertido de que lo más seguro es que su parto se convierta en una cesárea programada. En estos casos me encuentro ante una mujer muy preocupada y con un nivel de estrés importante a la que hay que tratar de tranquilizar, pero desde la honestidad. Es cierto que hay ciertas posturas que se proponen para intentar que el bebé se dé la vuelta, pero no hay una evidencia científica que corrobore que por ponerse de tal o cual manera la madre, el bebé se vaya a girar. Así que prefiero explicarle que los bebés están continuamente moviéndose por el útero, se giran, se dan la vuelta, se atraviesan, luego vuelven a ponerse boca abajo, otra vez de nalgas… Por lo tanto es un poco aventurado asegurar categóricamente que un bebé que en la semana 30 está de nalgas se vaya a quedar así hasta el día del parto y que además haya que programar el nacimiento de ese bebé. Por otro lado, haga lo que haga la madre, al final depende del bebé el darse o no la vuelta.

Pero, ¿qué ha pasado para que en los últimos tiempos la mayoría de bebés que vienen de nalgas nazcan por cesárea programada? En octubre del año 2000, una revista muy prestigiosa de medicina, The Lancet, publicó los resultados de un amplio estudio en el que analizaban el uso de cesárea programada en mujeres de 26 países diferentes. El resumen de los autores del estudio fue que: para fetos a término con presentación de nalgas, la cesárea programada es mejor que el parto vaginal; para la madre, los riesgos de complicaciones son similares tanto si el parto es por cesárea programada como si lo es vaginal. Después de esto es muy difícil encontrar a un ginecólogo que asuma la responsabilidad de un parto de nalgas por la vía natural. A esto se suma la pérdida de conocimientos obstétricos tanto en ginecólogos como en matronas para atender este tipo de partos. Una mujer que llega en fase de dilatación a un hospital con un bebé de nalgas crea en el equipo que la atiende un ambiente de inseguridad y miedo, ya que carecen de herramientas y conocimientos para atender ese parto. Desde ese punto de vista, es más seguro traer a un bebé de nalgas a través de cesárea que intentarlo por la vía natural con unos profesionales inexpertos y muertos de miedo.

Entonces, ¿por qué programar la cesárea? Si el bebé está bien, coge peso, el líquido amniótico no escasea y la placenta funciona correctamente, ¿qué lleva a programar el nacimiento de un bebé por cesárea programada? Muy simple, es una cuestión de organización y simplificación del trabajo para el hospital. No hay más explicación. Porque una cesárea para traer al mundo a un bebé de nalgas no es una cesárea de urgencia, salvo que haya sufrimiento fetal. Es una cesárea electiva durante el transcurso del trabajo de parto, al igual que las cesáreas que se practican en partos que no evolucionan o se estancan. Desde el punto de vista fisiológico, esperar a que se desencadene el parto (aunque luego termine en cesárea) es mejor opción que decidir cuándo tiene que nacer un bebé sano solo porque el ginecólogo no sabe atender ese parto. El baño de hormonas que reciben madre y bebé cuando se inicia el parto es fundamental para asegurar un buen vínculo y una lactancia exitosa.

Parecería que en los tiempos que corren es casi imposible tener un parto de nalgas por vía vaginal, pero no es así. Desde siempre han nacido bebés de nalgas. Y hay algunos hospitales que dan a la mujer la oportunidad de tener a su bebé por vía vaginal. Michel Odent explica que en este tipo de partos es más importante aún si cabe que se respete esa necesidad de intimidad y privacidad de toda mujer de parto; que se cuide mucho el ambiente en el que se está desarrollando el parto (calor, iluminación suave, silencio); que la matrona que acompaña esté en segundo plano, casi invisible y todo ello precisamente para que el cerebro primitivo permita que las glándulas implicadas segreguen torrentes de hormonas que hagan posible el parto sin intervención externa. Aún queda mucho hasta que en los hospitales entiendan que menos intervención supone más éxito en partos sin complicaciones.

Confiemos en que en un futuro no muy lejano, el tener un bebé de nalgas no sea motivo de estrés ni preocupación para una mujer embarazada porque existan profesionales formados y entrenados en atender este tipo de partos.