Como una formación de doula me pone patas arriba…

En el mes de octubre comencé la formación inicial de doulas que ofrece Entre Mamás. Siempre me entusiasma comenzar un curso nuevo o asistir a un taller porque sé que voy a aprender, a adquirir conocimientos nuevos o asentar los que ya tengo. Esta formación llevaba esperando seis años, desde que nació mi hija. Pero la vida te va trayendo y llevando por caminos sinuosos hasta que al fin llegas donde te habías propuesto, aunque dando algunas vueltas de más. Podría parecer que esta formación la comencé para “ser” doula, pero a estas alturas ya no sé muy bien qué seré o haré. Lo que tengo claro es que este curso me está poniendo patas arriba, me está dejando vulnerable porque me ofrece una nueva imagen de mí misma. Ahí es donde estos cursos tienen su valor, no solo aprendes, te informas, conoces sobre un tema, sino que sigues aprendiendo de ti misma, te das de bruces con esa que eres, pero a la que a veces te cuesta reconocer. Vuelves a pasar por esas zonas de sombra que tanto duelen, las sacas a la luz, las miras a la cara, las lloras, quizá las traes un piso más arriba, para no lanzarlas de nuevo a lo más profundo y oscuro.

En el último seminario hablamos de acompañar otras maternidades, especialmente en el caso de maternidad tras una adopción y tras un tratamiento de infertilidad.
Personalmente no sabía nada sobre ninguno de los dos temas ya que no tenía casos cercanos. Ambos dos me han dejado bastante impactada. La adopción, por el cambio de perspectiva: se trata de un proceso para proteger a menores desamparados y ofrecerles una vida en el seno de una familia. Frente a mi creencia de que la adopción existía para que una pareja o persona que no pudiera tener hijos biológicos pudiera tener una familia.