Edema: piernas hinchadas en el embarazo

Tener las piernas hinchadas en el embarazo es un trastorno molesto y en ocasiones doloroso, pero no revisa gravedad.
Piernas hinchadas en el embarazo
Nos encanta estar embarazadas. Nos sentimos plenas, bellas y jugosas. Nuestro cuerpo va creciendo, llenándose, redondeándose. Tenemos una mata de pelo brillante, la envidia de las modelos de pantene. Pero, ¡ay amigas!, también puede ser que nos hinchemos, que no reconozcamos nuestros pies y tobillos como parte de nuestra anatomía y lo que es peor, que se nos entumezcan y adormezcan manos y pies. Estamos embarazadas, y por eso tendemos a retener mucho más líquido en los tejidos, es decir, tenemos edema y puede ser que las piernas estén hinchadas, así como las manos y los pies. Pero, ¿por qué? Son varias las razones:

  • Los cambios en las propiedades de la sangre hacen que se acumule algo de líquido en los tejidos.
  • El útero cada vez más grande ejerce presión en las venas pélvicas y en la vena cava (la vena más grande que está en el costado derecho del cuerpo, y que transporta la sangre desde las extremidades inferiores hasta el corazón).
  • La presión del útero hace que la sangre que vuelve de tus piernas hacia el corazón circule más despacio, y esto hace que el fluido de las venas se retenga en los tejidos de los pies y tobillos. Por esa razón, la aparición de edemas suele darse con más frecuencia durante el tercer trimestre.
  • El edema además suele empeorar al final del día y durante el tiempo de calor. Y es que el calor provoca que los vasos sanguíneos se dilaten. Esto reduce la elasticidad de sus paredes y causa que la sangre fluya del corazón a las extremidades de manera más lenta.

Pero tranquilas… hay cosillas que podemos hacer para reducir la hinchazón:

  • Recostarse de lado puede aliviar el aumento de presión en las venas. Dado que la vena cava está en el lado derecho del cuerpo, es mejor que te acuestes sobre el lado izquierdo, aunque cualquiera de los dos lados funciona.
  • Poner las piernas en alto siempre que sea posible. En la oficina puede ser útil apoyar los pies en un escalón o sobre una pila de libros. También estirar las piernas a menudo y mover los tobillos y los dedos de los pies.
  • Tomar mucha agua. Aunque resulte sorprendente, cuanto más líquido ingieres, más líquidos expulsa el cuerpo.
  • Realizar un actividad física suave como pasear o nadar puede ayudar. ¡El yoga también, claro!
  • Una buena alimentación, evitando productos precocinados y refinados en exceso.
  • Tomarlo con positivismo: lo bueno del edema (si es que hay algo bueno en ello) es que desaparece al poco tiempo de dar a luz sin dejar rastro.

Parto inducido: prisas por que nazcan los bebés

¿Por qué hay tantos partos inducidos, tantos nacimientos de bebés adelantados?
Madre y bebé felices, sin parto inducido

Hace unos días, una de mis alumnas de yoga prenatal me comunicaba que probablemente dejaría de asistir a clase antes de lo esperado porque tendría un parto inducido. Me contó que tiene diabetes gestacional y aunque su bebé está en el percentil 55 el ginecólogo ya le había anunciado que en el semana 38 le inducirían el parto. Ella, como es de suponer, había recibido esta noticia con preocupación y con estupor, ya que si el bebé se estaba desarrollando bien, es decir, sin ser un bebé macrosómico (peso superior a 4,5 kg), no comprendía la razón para un parto inducido. Le sugerí que podía pedir una segunda opinión si con eso se quedaba más tranquila, pero no parecía muy por la labor. También me preguntó que si ella consideraba que el bebé no era enorme, podría negarse a la inducción. ¡Pues claro! La decisión última le pertenece a ella.

Bueno, hasta aquí, todo normal. Esto me lo comentó de manera individual antes de comenzar la clase. Hay un momento justo antes de la práctica en el que hacemos una ronda, en la que las mujeres comparten (si les apetece) cómo se encuentran y cómo se está desarrollando su embarazo. Cuando le llegó el turno a esta mujer, en un principio no comentó nada sobre su parto inducido. Sí comentó que cuanto más avanzaba su embarazo, mejor se encontraba. Entonces, otra mujer, a modo de broma le dijo que eso era porque su bebé estaba muy a gusto dentro, a lo que la primera le contestó: “pues me lo van a sacar”. Bufff, esa manera de expresarlo fue brutal. Se hizo un silencio enorme hasta que otra le preguntó que por qué. Entonces contó lo que ya me había adelantado a mí. Y lo que más me sorprendió fue que las demás mujeres, quiero creer que por animarla, quitaron importancia al hecho de que su bebé fuera inducido a nacer semanas antes de lo previsto. Estaban muy convencidas de que a partir de la semana 38 si el bebé nace, ya va a estar bien. Y la verdad, noté cómo se me venía el mundo encima porque hay aún tanta desinformación y tanto desconocimiento. Imagino que a estas mujeres, en su curso de preparación al parto, no les habrán explicado los riesgos del parto inducido con todo lo que conllevan: oxitocina, epidural, mayor índice de instrumentalización, mayor probabilidad de acabar en una cesárea. Pero además, si un bebé decide nacer por sí mismo en la semana 38 es porque ya está preparado para hacerlo. Todo lo que sea adelantar y forzar nacimientos antes de que el bebé lo decida redunda en la propia salud del bebé, porque quizá no esté lo suficientemente maduro para la vida extrauterina. Así que me preocupa la ligereza con la que se acepta que un bebé nazca antes de tiempo a través de un parto inducido, sin valorar suficientemente los riesgos.

La guía de práctica clínica de atención en el embarazo y puerperio, editada por el Ministerio de Sanidad en el año 2014 recoge lo siguiente sobre la diabetes gestacional:

• La gestación con diabetes gestacional acaba en la mayoría de casos
de manera satisfactoria, sin complicaciones y con el nacimiento de
un bebé sano.

• Habitualmente la diabetes gestacional responde con cambios en la
dieta y la promoción de actividad física, y un porcentaje pequeño
de mujeres requiere tratamiento farmacológico.

En este artículo publicado por El Parto es nuestro se aporta más luz a este respecto y animo a leerlo en su totalidad:

“Por lo tanto, la macrosomía per se no es motivo para una cesárea electiva o una inducción temprana del parto (que la evidencia sugiere que puede acabar fácilmente en cesárea). Los riesgos tradicionalmente asociados a los fetos macrosómicos (distocia de hombros y daños en el nervio braquial) no se explican tan sólo por el peso elevado de los fetos. Se debe favorecer la terminación espontánea del embarazo y durante el parto intervenir tan solo en caso de que realmente exista una verdadera desproporción céfalo-pélvica.”

Deseo que algún día el panorama de la atención al embarazo y al parto cambie, que los profesionales se formen y se reciclen continuamente, que sigan las recomendaciones de las guías que editan el Ministerio de Sanidad, la SEGO, la OMS, basadas todas ellas en la evidencia científica.

Deseo que los partos inducidos, solo lo sean si realmente es necesario porque la salud de la madre o del bebé estén comprometidas, deseo que las mujeres confíen más en su capacidad para gestar y parir bebés sanos, que se informen y decidan libremente sobre su salud y la de sus bebés.

Espero que estos deseos no tarden en cumplirse, porque el comienzo de una vida se merece lo mejor.