Yoga prenatal y posparto en Entre mamás

¿Estás embarazada o ya ha nacido tu bebé y no quieres abandonar tus clases de yoga? Entonces, ven a Entre mamás.

Esta temporada hemos comenzado con fuerza las clases de yoga prenatal y posparto en Entre Mamás. Los grupos se van llenando y eso nos llena de ilusión. Porque en Entre Mamás acompañamos a todas las madres para que puedan vivir su maternidad de forma plena y consciente.

En el grupo de yoga prenatal puedes practicar esta disciplina para acomodar tu cuerpo a su nuevo estado, aliviando esas molestias que a veces se pueden tornar incómodas, como el dolor de espalda, de pelvis o la hinchazón de piernas.

Además la práctica de yoga prenatal te puede propiciar un estado de calma interior que te ayudará a disfrutar de un embarazo más consciente y te sentirás más conectada con tu bebé.

Pero sin duda, lo más importante es que te sentirás acompañada y acogida por el resto de mujeres, que al igual que tú, están gestando un bebé y tienen dudas, inquietudes e incluso miedos que podrán ser puestos en común. Porque cuando a los miedos se les ponen palabras y se comparten, se disipan.

Ya ha nacido tu bebé y aunque no te apetece separarte de él, también quieres retomar tus clases de yoga o comenzar a practicar esta disciplina por primera vez.

Los primeros meses de vida del bebé son intensos y cansados para la mujer. El bebé es vulnerable y se muestra totalmente dependiente de su madre. La falta de sueño, el tener al bebé cogido en brazos y la lactancia suelen ocasionar dolor de espalda.

El abdomen y el suelo pélvico han perdido tono muscular después del largo embarazo y el parto. La madre, feliz por tener a su bebé entre los brazos, está muy sensible y vulnerable.

En este contexto de mujer puérpera, el yoga posparto te ofrece un espacio en el que practicar yoga acompañada por tu bebé. La sesión va enfocada a mejorar la postura y la alineación corporal para aliviar el dolor de espalda y para fortalecer la musculatura abdominal y pélvica.

Yoga prenatal y posparto

Las mujeres y sus bebés necesitan salir de casa y compartir con otras madres sus experiencias y vivencias en relación con la maternidad. De nuevo, sentirse acogidas y escuchadas es fundamental para su bienestar.

Si quieres unirte a nuestros grupos de yoga llámanos al 910 133 112 y reserva tu plaza.

Puedes consultar los horarios de las clases aquí

 

Hatha Yoga en La Latina: nuevo grupo

Esta temporada abrimos un nuevo grupo de Hatha Yoga en La Latina, en Espacio Kenko.

Espacio Kenko es un centro de fisioterapia especializado en uroginecología y rehabilitación del suelo pélvico. Además se imparten clases de yoga prenatal, posparto y gimnasia hipopresiva.

Esta temporada vamos a abrir un grupo de Hatha Yoga los lunes de 14:30 a 15:50. Este horario es ideal para quienes tienen jornada laboral partida o para quienes tienen horarios difíciles de conciliar con el ocio.

El Hatha Yoga es una disciplina que reequilibra el sistema músculo-esquelético mejorando la alineación corporal. Pero también actúa a nivel orgánico y fisiológico. Numerosos estudios científicos avalan los beneficios de practicar Hatha Yoga con asiduidad.

La sesión dura 80 minutos y a lo largo de ella vamos practicando diferentes asanas (posturas) en función del objetivo de la clase, siempre dentro de un enfoque terapeútico.

Si tienes interés en asistir a estas clases, reserva ya tu plaza llamando al 91 000 83 28 o escribiendo a info@espaciokenko.com

 

Yoga restaurativo: reposo constructivo

¿Siempre te apetece una práctica intensa de yoga? Cuando mis niveles de energía están bajo cero prefiero una práctica de yoga restaurativo.

Desde que soy madre reconozco que dispongo de bastante menos energía (y tiempo útil) que antes. No sé si será solo la maternidad o que, por lo general, nos acercamos a la maternidad pasada la treintena y entonces las reservas de energía disponible van disminuyendo.

El caso es que no siempre me apetece practicar una sesión intensa de yoga. Al contrario, después de extender mi antideslizante lo que más me suele apetecer es tumbarme en él y descansar.

Existe un yoga más pausado y pasivo, al que se ha denominado yoga restaurativo. Se trata de posturas de yoga en las que se emplean materiales de apoyo como mantas, bolsters, tacos… cualquier soporte que te sostenga dándole determinada forma al cuerpo, mientras tú puedes cerrar los ojos, respirar y descansar.

Es cierto, que no siempre toda la práctica de yoga debería ser restaurativa porque no hay un trabajo músculo-esquelético en ella. Hay que tomársela como un complemento a la práctica habitual para posar el cuerpo, la mente y el espíritu.

En esta entrada voy a hablar de una postura “sencilla” que restaura y equilibra el cuerpo: la postura de reposo constructivo (Constructive Rest Position or CRP en inglés).

Yoga restaurativo

Digo que es “sencilla” porque parece que no consiste más que en tumbarse boca arriba con las piernas flexionadas. Sí, pero hay más detalles a tener en cuenta:

El desafío de esta postura reside en encontrar la posición de las piernas, de manera que el muslo y la pantorrilla descansen el uno en la otra como si se tratara de dos naipes. Esto permite que los músculos del abdomen y de la parte frontal del muslo se relajen y que los huesos del muslo y de la pantorrilla se sostengan el uno en el otro sin apenas trabajo muscular.

También hay que afinar la posición de los pies: separados con el ancho de las caderas y repartido el peso de forma homogénea entre los dedos, los talones, los cantos externos y los internos.

Esta postura es idónea para restaurar las curvas fisiológicas de la columna. Por ello, la zona lumbar no está plana y pegada al suelo, sino que mantiene su curvatura natural. Mientras que la zona dorsal, sí está pegada al suelo, como si se hubiera fundido con él.

Una vez encontrada la postura, tan solo hay que abandonarse a ella. Permitir que el cuerpo se vaya aflojando, ablandando, derritiendo y descendiendo hacia el suelo.

Una permanencia de 10 ó 15 minutos en ella siendo conscientes de la respiración ayuda a calmar el cuerpo, la mente y las emociones. Relaja la musculatura profunda del cuerpo, sobre todo a nuestro amigo psoas. Y es un buen antídoto contra el dolor de espalda, sobre todo, lumbar.

Espero que os animéis a dedicar unos minutos al día a vuestra práctica de yoga restaurativo. Vuestro cuerpo os lo agradecerá.

Fuentes:

http://theyogalunchbox.co.nz/donna-farhi-on-how-to-release-the-psoas-resolve-back-pain/

http://alexandertechnique.com/constructiverest/

El psoas, el músculo tímido del cuerpo

El psoas afecta a nuestra postura y ayuda a estabilizar la columna. Pero si no está equilibrado puede ocasionar dolor en la zona lumbar y pélvica.

Haces unos días asistí a un interesantísimo taller impartido por Montse Cob centrado en el estudio del psoas y su aplicación en la práctica de yoga. Antes de entrar en el contenido del taller, haré un repaso de quién es el psoas y para qué sirve.

El psoas es un músculo “tímido”  que conecta la parte superior del cuerpo con las extremidades. Si miras la foto verás que nace en la costilla 12, pasa por cada una de las vértebras lumbares y se inserta en el trocánter menor, que es la cara interna del inicio del fémur (muslo).

El psoas es un flexor de la cadera, pero tiene otras funciones importantes como ser el soporte central del cuerpo humano, estabilizador lumbar y está comprometido en la respiración porque comparte fibras con el diafragma. También tiene un componente emocional importante puesto que ante la respuesta de lucha/huída este músculo tiene mucha implicación.

Puesto que este músculo está tan íntimamente implicado tanto en la respuesta física como emocional al estrés, un psoas tenso de forma crónica lanza al cuerpo señales de peligro, contribuyendo finalmente al agotamiento de las glándulas adrenales y deprimiendo el sistema inmune.

Pero volvamos al taller al que asistí. Bajo el sugerente título de “Los puentes de unión: el psoas y el hioides”, hemos visualizado y tomado consciencia de la estrecha relación entre el hueso hioides y el psoas.

hioides

El hioides es un hueso que está en la parte anterior de la garganta y a través de músculos y ligamentos une la base del cráneo y el suelo de la boca al esternón. Digamos que es el puente que une la cabeza al tronco.

Si seguimos de puente en puente, nos encontramos el diafragma, que haría de transición entre el hioides y el psoas, puesto que separa la cavidad torácica de la abdominal. El diafragma nace en el esternón, se derrama por las costillas y desciende por la columna lumbar, donde se encuentra con el psoas y sus fibras se entremezclan.

A continuación, el psoas toma el relevo y es el puente de unión entre el tronco y las extremidades.

Desde luego el cuerpo humano es una obra de ingeniería en toda regla, no deja de sorprenderme. Todo está interconectado, no hay nada al azar.

Tras la exposición anatómica, hemos pasado a la fase vivencial, es decir, a sentir nuestro cuerpo: nuestro hioides, nuestro psoas y como uno y otro se influyen. Y también hemos llevado a las posturas de yoga todo esto. Y hemos aprendido a transitar por las asanas teniendo en cuenta al psoas y al desconocido hioides, pero desde una perspectiva amable. Concienciándolo, suavizándolo y relajándolo previamente para no llevarnos a asana un psoas tenso y duro, que nos está preparando para salir corriendo, no para permanecer serenamente en una postura. Y nos hemos movido desde el psoas, desde dentro, no a costa de endurecerlo, sino encontrando ese movimiento orgánico, libre y liberador.

Este taller ha sido muy enriquecedor y además toda una revolución a la hora de orientar la práctica de yoga.

Fuentes:

https://www.yogajournal.com/practice-section/the-psoas-is

https://www.yogajournal.com/practice/release-your-psoas

 

Nueva temporada de yoga: horarios y novedades

Comienza la nueva temporada de yoga

Ya va apeteciendo retomar las clases de yoga tras el parón del verano. Además parece que el estío está dando sus últimos coletazos después de los calores tan tremendos que nos ha dejado. Quienes hayáis tenido la suerte de veranear en destinos  fresquitos, ¡enhorabuena! Quienes hayais sufrido los calores sin poder salir de la ciudad, como ha sido mi caso, seguro que habréis echado mano de algunos recursos refrescantes. Sin embargo, ya va siendo hora y ya apetece que el suave y refrescante otoño vaya entrando en escena, que bajen las temperaturas, que llueva para oler a tierra mojada, que cambie la tonalidad de los árboles y vayamos llevando la mirada más hacia nuestro interior.

El comienzo del otoño suele ser una época en la que apetece comenzar nuevos proyectos. Y suele ser un buen momento para comenzar o retomar las clases de yoga después del parón del verano. Esta nueva temporada viene con novedades, ya que se abre algún grupo más para que nadie se quede sin yoga este año.

Nuevos horarios para la temporada 2017/2018

HATHA YOGA

Lunes 14:30 a 15:50 Espacio Kenko

Jueves 18:30 a 20:00 Sunahara

Viernes 10:30 a 12:00 Sunahara

YOGA PRENATAL

Lunes 11:00 a 12:20 Espacio Kenko

Lunes 18:00 a 19:45 Sunahara

Martes 19:00 a 20:20  Espacio Kenko

Miércoles 19:00 a 20:15 Entre Mamás

YOGA POSPARTO (con bebés)

Lunes 12:30 a 13:30 Espacio Kenko

Martes 17:30 a 18:30 Espacio Kenko

Miércoles 17:30 a 18:30 Entre Mamás

Jueves 11:00 a 12:00 Sunahara

¡Las clases comienzan en septiembre. No esperes al último momento y reserva ya tu plaza!

Parto inducido: prisas por que nazcan los bebés

¿Por qué hay tantos partos inducidos, tantos nacimientos de bebés adelantados?
Madre y bebé felices, sin parto inducido

Hace unos días, una de mis alumnas de yoga prenatal me comunicaba que probablemente dejaría de asistir a clase antes de lo esperado porque tendría un parto inducido. Me contó que tiene diabetes gestacional y aunque su bebé está en el percentil 55 el ginecólogo ya le había anunciado que en el semana 38 le inducirían el parto. Ella, como es de suponer, había recibido esta noticia con preocupación y con estupor, ya que si el bebé se estaba desarrollando bien, es decir, sin ser un bebé macrosómico (peso superior a 4,5 kg), no comprendía la razón para un parto inducido. Le sugerí que podía pedir una segunda opinión si con eso se quedaba más tranquila, pero no parecía muy por la labor. También me preguntó que si ella consideraba que el bebé no era enorme, podría negarse a la inducción. ¡Pues claro! La decisión última le pertenece a ella.

Bueno, hasta aquí, todo normal. Esto me lo comentó de manera individual antes de comenzar la clase. Hay un momento justo antes de la práctica en el que hacemos una ronda, en la que las mujeres comparten (si les apetece) cómo se encuentran y cómo se está desarrollando su embarazo. Cuando le llegó el turno a esta mujer, en un principio no comentó nada sobre su parto inducido. Sí comentó que cuanto más avanzaba su embarazo, mejor se encontraba. Entonces, otra mujer, a modo de broma le dijo que eso era porque su bebé estaba muy a gusto dentro, a lo que la primera le contestó: “pues me lo van a sacar”. Bufff, esa manera de expresarlo fue brutal. Se hizo un silencio enorme hasta que otra le preguntó que por qué. Entonces contó lo que ya me había adelantado a mí. Y lo que más me sorprendió fue que las demás mujeres, quiero creer que por animarla, quitaron importancia al hecho de que su bebé fuera inducido a nacer semanas antes de lo previsto. Estaban muy convencidas de que a partir de la semana 38 si el bebé nace, ya va a estar bien. Y la verdad, noté cómo se me venía el mundo encima porque hay aún tanta desinformación y tanto desconocimiento. Imagino que a estas mujeres, en su curso de preparación al parto, no les habrán explicado los riesgos del parto inducido con todo lo que conllevan: oxitocina, epidural, mayor índice de instrumentalización, mayor probabilidad de acabar en una cesárea. Pero además, si un bebé decide nacer por sí mismo en la semana 38 es porque ya está preparado para hacerlo. Todo lo que sea adelantar y forzar nacimientos antes de que el bebé lo decida redunda en la propia salud del bebé, porque quizá no esté lo suficientemente maduro para la vida extrauterina. Así que me preocupa la ligereza con la que se acepta que un bebé nazca antes de tiempo a través de un parto inducido, sin valorar suficientemente los riesgos.

La guía de práctica clínica de atención en el embarazo y puerperio, editada por el Ministerio de Sanidad en el año 2014 recoge lo siguiente sobre la diabetes gestacional:

• La gestación con diabetes gestacional acaba en la mayoría de casos
de manera satisfactoria, sin complicaciones y con el nacimiento de
un bebé sano.

• Habitualmente la diabetes gestacional responde con cambios en la
dieta y la promoción de actividad física, y un porcentaje pequeño
de mujeres requiere tratamiento farmacológico.

En este artículo publicado por El Parto es nuestro se aporta más luz a este respecto y animo a leerlo en su totalidad:

“Por lo tanto, la macrosomía per se no es motivo para una cesárea electiva o una inducción temprana del parto (que la evidencia sugiere que puede acabar fácilmente en cesárea). Los riesgos tradicionalmente asociados a los fetos macrosómicos (distocia de hombros y daños en el nervio braquial) no se explican tan sólo por el peso elevado de los fetos. Se debe favorecer la terminación espontánea del embarazo y durante el parto intervenir tan solo en caso de que realmente exista una verdadera desproporción céfalo-pélvica.”

Deseo que algún día el panorama de la atención al embarazo y al parto cambie, que los profesionales se formen y se reciclen continuamente, que sigan las recomendaciones de las guías que editan el Ministerio de Sanidad, la SEGO, la OMS, basadas todas ellas en la evidencia científica.

Deseo que los partos inducidos, solo lo sean si realmente es necesario porque la salud de la madre o del bebé estén comprometidas, deseo que las mujeres confíen más en su capacidad para gestar y parir bebés sanos, que se informen y decidan libremente sobre su salud y la de sus bebés.

Espero que estos deseos no tarden en cumplirse, porque el comienzo de una vida se merece lo mejor.

La importancia del vínculo madre bebé

La importancia del vínculo para el buen desarrollo del bebé
El bebé ha permanecido durante 9 meses dentro del útero materno, sin saberse uno en sí mismo, sino plenamente fusionado con el cuerpo de su madre. Durante todo ese tiempo el bebé no ha experimentado sensaciones “desagradables” como frío, hambre, sueño, sed… Simplemente todo aquello le era colmado. El bebé dentro del útero experimenta la sensación de ser contenido, abrazado continuamente y su piel recibe un continuo estímulo, la caricia del líquido amniótico. Por estar flotando en el líquido, el bebé no ha experimentado aún la sensación de vacío, de gravedad, de sentir el peso de su cuerpo. Los sonidos del organismo de su madre son la banda sonora que siempre lo acompaña, día y noche; además sonidos que vienen del exterior, le llegan más amortiguados, más suaves. La respiración de su madre se traduce en un movimiento interno que continuamente lo mece, y el movimiento y el desplazamiento de su madre, lo vive como un vaivén. El bebé crece en el útero de su madre en continuo abrazo y en continuo movimiento; con sonidos, con sabores, sin distinguir día o noche, todas sus necesidades colmadas. Pero de pronto llega un momento en el que ese dulce estado termina, el bebé nace y esas amables condiciones intrauterinas cambian de golpe, pero no así la adaptabilidad del bebé.
Tras nacer, el bebé no desarrolla inmediatamente la capacidad de adaptarse al nuevo medio y al nuevo entorno. No nace y ya está adaptado; sino que necesita un tiempo. Es más, para él ha de constituir un auténtico shock no encontrarse en ese ambiente en el que ha permanecido tanto tiempo, a pesar de que para él tiempo y espacio no existen, tan solo necesita que se reproduzcan esas mismas condiciones que dejó en el útero: abrazo, sostén, calor, movimiento, sonido de su madre, alimento… Y el bebé, al nacer, experimenta sensaciones que antes no experimentaba: sensaciones físicas (gravedad, peso, hambre, sueño, quietud) y también emocionales (miedo, angustia). El bebé recién nacido necesita tiempo para adaptarse a su nueva condición de bebé extrauterino, por eso la transición ha de ser lenta y lo más parecida a la experiencia intrauterina.
El bebé que nace espera ser recibido por esa madre que lo ha gestado. Espera seguir escuchando su voz y los sonidos de su organismo (latidos del corazón, respiración), sintiendo su presencia, recibiendo su abrazo (no ya uterino, pero sí entre sus brazos, cerca de su pecho). El bebé dentro del útero no lloraba, porque no había motivos para ello. Al nacer, su único medio de comunicación es el llanto. Con el llanto comunica a su madre que algo no va bien o que necesita algo (comida, bebida, calor, brazos, sueño, compañía, sonido, movimiento). Al final es el cuerpo de su madre el que puede colmar casi todas las necesidades del bebé. Pero además el cuerpo de la madre es el hábitat esencial en el que el bebé se va a desarrollar adecuadamente.
Según Nils Bergman, la madre es el hábitat del bebé y todo lo que no sea estar cerca de ella va a generar estrés en ese bebé. El recién nacido nace con una serie de programas (defensa, alimentación y reproducción) que permiten su supervivencia, pero siempre y cuando se encuentre en su hábitat. La naturaleza ha previsto que madre y bebé permanezcan juntos para autorregularse y para garantizar la supervivencia de la especie gracias a la protección física, inmunológica y neurológica de la cría. Estar en su hábitat asegura el programa de desarrollo del bebé, por lo tanto, estando en su hábitat el bebé sobrevive por sus propios medios; aquello de los que le ha dotado la naturaleza. El bebé que permanece cerca de su madre, piel con piel, se asegura una mejor oxigenación; el centro del pecho de la madre se convierte en un centro regulador de la temperatura del bebé. Puede llegar a aumentar hasta en dos grados su temperatura para calentar al bebé que se ha quedado frío o bajar un grado su temperatura para refrescar a un bebé acalorado. El cuerpo de la madre le ofrece la nutrición que necesita en cada momento de su desarrollo y además estimula su sistema inmunológico ya que se familiariza con las bacterias del cuerpo de su madre y le aporta anticuerpos a través del calostro.

Todo lo que no sea estar en su hábitat, es decir, cerca del cuerpo de su madre genera estrés en el bebé. Por un lado, esto supone que estará expuesto a gérmenes y bacterias ajenos que pueden producir infecciones. Por otro lado, en el bebé separado de su madre se genera una situación de estrés, ya que al sentirse fuera de su hábitat considera que su vida corre peligro. Ante una situación de estrés en el organismo del bebé se desencadena un torrente de hormonas del estrés que genera mayor gasto energético en su organismo. Las hormonas del estrés (adrenalina y cortisol), si permanecen de manera crónica en el organismo del bebé pueden llegar a resultar neurotóxicas y esto quiere decir que pueden dañar el cerebro. En edades tan tempranas como las de un bebé recién nacido en el que las conexiones neuronales están en construcción, esta neurotoxicidad puede acarrear problemas de aprendizaje y comportamiento y afectar a su vida emocional y social posterior.

Si se crean situaciones en que la madre no está con el bebé en el momento adecuado o no responde con prontitud a sus demandas, dichas situaciones pueden resultar estresantes para el bebé. Si éste siente que las personas de su alrededor no satisfacen sus necesidades, pueden invadirle sentimientos de impotencia y desamparo. En el caso de los bebés, el estrés puede adquirir la cualidad de trauma; de hecho sin la ayuda de los padres pueden morir.”
El amor maternal

Los susurros del cuerpo

Nuestro cuerpo es sabio y nos va lanzando señales cuando surgen desequilibrios. Tan solo hay que parar y saber escucharlo.
Los susurros del cuerpo son tan sutiles que en ocasiones hay que proponerse parar, silenciarse, replegarse para poder percibirlos. En los años que llevo como profesora de yoga he observado que una parte fundamental del yoga, la auto observación, está muy abandonada en la vida real, fuera de la esterilla en la que dibujamos asanas. Y lo está porque parte de los practicantes no se sinceran con su práctica. Es totalmente respetable que acudan a clases de yoga para relajarse y aliviar tensiones o dolores musculares, pero no entienden que conseguir ese objetivo de bienestar es consecuencia de un buen estudio y corrección de su postura y de una adecuada respiración, sin olvidarse de que han de conectar con su cuerpo también fuera de la práctica. En la vida diaria la gente camina, se sienta, se tumba de cualquier manera. No se observan, no se miran, no se sienten. Si esto es así entre entre ciertas personas practicantes habituales de yoga, entre los que no lo practican es aún más intenso. Se ve a la gente tirada en los asientos del metro y autobús, con el pecho hundido, las piernas flojas, los pies torcidos, las mandíbulas prietas… También hay gente que lleva una actitud corporal más relajada, más armónica, pero casi siempre se observan tendencias en la postura que dan mucha información sobre su estado psicológico y emocional.
En una ocasión en la que iba en un autobús y éste se detuvo ante un semáforo, vi parada en la calle a una mujer que estaba aferrada al brazo de un hombre, supuse que sería su marido. La mujer tenía el rostro magullado y creo recordar que un brazo escayolado. No sé qué le debió suceder, quizás un accidente. Me llamó mucho la atención la expresión de terror que tenía, el rostro crispado al máximo, los ojos desorbitados. Su respiración estaba agitadísima y era exclusivamente clavicular. Se veía como sus clavículas subían y bajaban rápidamente, sin que su tórax ni su abdomen experimentaran movimiento. Su cuerpo se estaba expresando. No sé si esa mujer estaba experimentando un ataque de pánico, pero su cuerpo y su respiración daban un claro mensaje: tensión, colapso y terror. Este es sin duda un caso extremo; la mujer estaba sufriendo. Pero en condiciones normales, cuando vamos caminando por la calle, en el transporte público, en el trabajo, en el hogar, los cuerpos dan muchísima información.
Nuestros cuerpos nos hablan, nos envían mensajes, solo que en muchas ocasiones esos mensajes nos pasan desapercibidos. Y al final, solo nos ocupamos de nuestro cuerpo cuando el mal ya está hecho y aparece el dolor. Dolor al que se le da la solución fácil tomando una pastilla, porque no queremos sufrir, porque queremos seguir con nuestro estilo de vida, apresurado, rápido, de “lo quiero ya y lo quiero ahora”. Entramos en un círculo vicioso en el que el cuerpo se queja, nos dice “oye, que me encuentro mal, haz algo” y nosotros lo acallamos con la dulce pastilla, sin investigar, sin indagar qué era aquello que nos quería decir nuestro cuerpo. En este sentido el anuncio de una compañía de seguros médicos de hace unos años era muy gráfica: a través del correo electrónico (aún no estaba en boga el whatsApp) una mujer recibe varios mensajes de su cuerpo diciéndole que tiene una piedra en el riñón. Le avisa de que por el momento es pequeña, pero que como no preste atención y ponga medidas se va a convertir en un pedrusco.
Nuestro cuerpo tiene muchas cosas que decirnos.
Escuchémoslo.

Como una formación de doula me pone patas arriba…

En el mes de octubre comencé la formación inicial de doulas que ofrece Entre Mamás. Siempre me entusiasma comenzar un curso nuevo o asistir a un taller porque sé que voy a aprender, a adquirir conocimientos nuevos o asentar los que ya tengo. Esta formación llevaba esperando seis años, desde que nació mi hija. Pero la vida te va trayendo y llevando por caminos sinuosos hasta que al fin llegas donde te habías propuesto, aunque dando algunas vueltas de más. Podría parecer que esta formación la comencé para “ser” doula, pero a estas alturas ya no sé muy bien qué seré o haré. Lo que tengo claro es que este curso me está poniendo patas arriba, me está dejando vulnerable porque me ofrece una nueva imagen de mí misma. Ahí es donde estos cursos tienen su valor, no solo aprendes, te informas, conoces sobre un tema, sino que sigues aprendiendo de ti misma, te das de bruces con esa que eres, pero a la que a veces te cuesta reconocer. Vuelves a pasar por esas zonas de sombra que tanto duelen, las sacas a la luz, las miras a la cara, las lloras, quizá las traes un piso más arriba, para no lanzarlas de nuevo a lo más profundo y oscuro.

En el último seminario hablamos de acompañar otras maternidades, especialmente en el caso de maternidad tras una adopción y tras un tratamiento de infertilidad.
Personalmente no sabía nada sobre ninguno de los dos temas ya que no tenía casos cercanos. Ambos dos me han dejado bastante impactada. La adopción, por el cambio de perspectiva: se trata de un proceso para proteger a menores desamparados y ofrecerles una vida en el seno de una familia. Frente a mi creencia de que la adopción existía para que una pareja o persona que no pudiera tener hijos biológicos pudiera tener una familia.