Comenzar desde la base: los pies

Al igual que una buena base confiere estabilidad y seguridad a las construcciones de viviendas y edificios, si hablamos en términos de asana, comenzar desde la base, permite estar en ella con seguridad, estabilidad y con el mínimo esfuerzo.

Los pies son los grandes olvidados. Soportan el peso de nuestro cuerpo y nos trasladan de un lado a otro. Sin embargo, pocas veces se les presta atención.

¿Alguna vez, en tu vida diaria, has probado a observar si tus dos pies apoyan de la misma manera? ¿Eres consciente del tipo de pisada que tienes? ¿Has observado cómo se transfiere el peso de tu cuerpo hacia la tierra a través de los pies?

Si no lo has hecho, te invito a que lo hagas, porque de cómo sea tu relación con los pies, será el estado en el que se encuentra tu cuerpo más arriba.

En yoga, al menos el que yo trato de transmitir, no importa tanto cómo queda asana visualmente desde fuera, qué forma tenga, sino cómo tú te sientes en ella. De nada sirve hacer Sirsasana (postura sobre la cabeza) visto perfecto desde fuera si quien lo está practicando se está jugando una hernia cervical.

Del mismo modo, Uttitha Trikonasana puede verse majestuosa desde el punto de vista de un espectador externo, pero quien la está practicando puede estar sudando la gota gorda y tener una respiración agitada.

¿Y qué tiene todo esto que ver con la base y con los pies? Pues bien, lo importante es que asana parta de una base estable en la que el peso del cuerpo está transferido de forma equilibrado entre las plantas de los pies. De ahí que haya que dedicar mucho tiempo a observar los pies, sentirlos, cambiar el peso de un pie a otro, cambiar el peso de los talones a los dedos, de los cantos internos a los externos y encontrar ese punto en el que la planta del pie en su conjunto apoya  por igual.

Y todo esto hay que llevarlo después a asana. Comenzar haciendo esta toma de conciencia en Tadasana es muy útil. Pero el desafío se plantea cuando lo llevamos al resto de asanas de pie, en las que las piernas pueden estar separadas, el tronco inclinado, o en el caso de los equilibrios, un solo pie sosteniendo el peso del cuerpo.

Cuando la acción de los pies es potente resulta mucho más fácil permanecer en asana sin cansancio. Y dado que la base es firme, la columna puede elongarse sin comprometer a demasiados músculos, sin demasiado gasto de energía. Y lo más útil, la respiración fluye por todo el cuerpo.

Así que os invito a tomar más conciencia de los pies. No solo durante la práctica de yoga, sino en la vida diaria: mientras esperas el autobús, mientras cocinas, cuando estás sentada, cuando te levantas por la mañana…

Y más interesante aún, dar un respiro a nuestros pies y caminar descalzas en casa.

 

 

 

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