El psoas, el músculo tímido del cuerpo

Psoas
El psoas afecta a nuestra postura y ayuda a estabilizar la columna. Pero si no está equilibrado puede ocasionar dolor en la zona lumbar y pélvica.

Haces unos días asistí a un interesantísimo taller impartido por Montse Cob centrado en el estudio del psoas y su aplicación en la práctica de yoga. Antes de entrar en el contenido del taller, haré un repaso de quién es el psoas y para qué sirve.

El psoas es un músculo “tímido”  que conecta la parte superior del cuerpo con las extremidades. Si miras la foto verás que nace en la costilla 12, pasa por cada una de las vértebras lumbares y se inserta en el trocánter menor, que es la cara interna del inicio del fémur (muslo).

El psoas es un flexor de la cadera, pero tiene otras funciones importantes como ser el soporte central del cuerpo humano, estabilizador lumbar y está comprometido en la respiración porque comparte fibras con el diafragma. También tiene un componente emocional importante puesto que ante la respuesta de lucha/huída este músculo tiene mucha implicación.

Puesto que este músculo está tan íntimamente implicado tanto en la respuesta física como emocional al estrés, un psoas tenso de forma crónica lanza al cuerpo señales de peligro, contribuyendo finalmente al agotamiento de las glándulas adrenales y deprimiendo el sistema inmune.

Pero volvamos al taller al que asistí. Bajo el sugerente título de “Los puentes de unión: el psoas y el hioides”, hemos visualizado y tomado consciencia de la estrecha relación entre el hueso hioides y el psoas.

hioides

El hioides es un hueso que está en la parte anterior de la garganta y a través de músculos y ligamentos une la base del cráneo y el suelo de la boca al esternón. Digamos que es el puente que une la cabeza al tronco.

Si seguimos de puente en puente, nos encontramos el diafragma, que haría de transición entre el hioides y el psoas, puesto que separa la cavidad torácica de la abdominal. El diafragma nace en el esternón, se derrama por las costillas y desciende por la columna lumbar, donde se encuentra con el psoas y sus fibras se entremezclan.

A continuación, el psoas toma el relevo y es el puente de unión entre el tronco y las extremidades.

Desde luego el cuerpo humano es una obra de ingeniería en toda regla, no deja de sorprenderme. Todo está interconectado, no hay nada al azar.

Tras la exposición anatómica, hemos pasado a la fase vivencial, es decir, a sentir nuestro cuerpo: nuestro hioides, nuestro psoas y como uno y otro se influyen. Y también hemos llevado a las posturas de yoga todo esto. Y hemos aprendido a transitar por las asanas teniendo en cuenta al psoas y al desconocido hioides, pero desde una perspectiva amable. Concienciándolo, suavizándolo y relajándolo previamente para no llevarnos a asana un psoas tenso y duro, que nos está preparando para salir corriendo, no para permanecer serenamente en una postura. Y nos hemos movido desde el psoas, desde dentro, no a costa de endurecerlo, sino encontrando ese movimiento orgánico, libre y liberador.

Este taller ha sido muy enriquecedor y además toda una revolución a la hora de orientar la práctica de yoga.

Fuentes:

https://www.yogajournal.com/practice-section/the-psoas-is

https://www.yogajournal.com/practice/release-your-psoas

 

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