Yoga restaurativo: reposo constructivo

¿Siempre te apetece una práctica intensa de yoga? Cuando mis niveles de energía están bajo cero prefiero una práctica de yoga restaurativo.

Desde que soy madre reconozco que dispongo de bastante menos energía (y tiempo útil) que antes. No sé si será solo la maternidad o que, por lo general, nos acercamos a la maternidad pasada la treintena y entonces las reservas de energía disponible van disminuyendo.

El caso es que no siempre me apetece practicar una sesión intensa de yoga. Al contrario, después de extender mi antideslizante lo que más me suele apetecer es tumbarme en él y descansar.

Existe un yoga más pausado y pasivo, al que se ha denominado yoga restaurativo. Se trata de posturas de yoga en las que se emplean materiales de apoyo como mantas, bolsters, tacos… cualquier soporte que te sostenga dándole determinada forma al cuerpo, mientras tú puedes cerrar los ojos, respirar y descansar.

Es cierto, que no siempre toda la práctica de yoga debería ser restaurativa porque no hay un trabajo músculo-esquelético en ella. Hay que tomársela como un complemento a la práctica habitual para posar el cuerpo, la mente y el espíritu.

En esta entrada voy a hablar de una postura «sencilla» que restaura y equilibra el cuerpo: la postura de reposo constructivo (Constructive Rest Position or CRP en inglés).

Yoga restaurativo

Digo que es «sencilla» porque parece que no consiste más que en tumbarse boca arriba con las piernas flexionadas. Sí, pero hay más detalles a tener en cuenta:

El desafío de esta postura reside en encontrar la posición de las piernas, de manera que el muslo y la pantorrilla descansen el uno en la otra como si se tratara de dos naipes. Esto permite que los músculos del abdomen y de la parte frontal del muslo se relajen y que los huesos del muslo y de la pantorrilla se sostengan el uno en el otro sin apenas trabajo muscular.

También hay que afinar la posición de los pies: separados con el ancho de las caderas y repartido el peso de forma homogénea entre los dedos, los talones, los cantos externos y los internos.

Esta postura es idónea para restaurar las curvas fisiológicas de la columna. Por ello, la zona lumbar no está plana y pegada al suelo, sino que mantiene su curvatura natural. Mientras que la zona dorsal, sí está pegada al suelo, como si se hubiera fundido con él.

Una vez encontrada la postura, tan solo hay que abandonarse a ella. Permitir que el cuerpo se vaya aflojando, ablandando, derritiendo y descendiendo hacia el suelo.

Una permanencia de 10 ó 15 minutos en ella siendo conscientes de la respiración ayuda a calmar el cuerpo, la mente y las emociones. Relaja la musculatura profunda del cuerpo, sobre todo a nuestro amigo psoas. Y es un buen antídoto contra el dolor de espalda, sobre todo, lumbar.

Espero que os animéis a dedicar unos minutos al día a vuestra práctica de yoga restaurativo. Vuestro cuerpo os lo agradecerá.

Fuentes:

http://theyogalunchbox.co.nz/donna-farhi-on-how-to-release-the-psoas-resolve-back-pain/

http://alexandertechnique.com/constructiverest/

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